60% de mexicanos bebería menos chesco si subiera el precio

 

 

 

México es uno de los países que más consume bebidas no alcohólicas (refrescos, jugos, tés, y bebidas con cafeína) en el mundo.  De acuerdo con la agencia Euromonitor Internacional, los mexicanos se han convertido en uno de los mayores consumidores de refresco del mundo, con un promedio de 119 litros por persona al año, ubicándose en el tercer puesto de la clasificación mundial, detrás de Argentina y Chile.

 

La investigación muestra que la industria tiene en Latinoamérica su principal mercado, ya que en esta región se encuentran los países que más beben refresco. Asimismo, el estudio informa que la marca de refresco que más se consume en el mundo es Coca-Cola, la cual también se encuentra en el primer lugar de las preferencias del consumidor mexicano.

 

Actualmente, la mayoría de la población mexicana bebe más refresco y agua embotellada. El director de la organización El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo, explica que el difícil o nulo acceso al líquido vital es una de las causas principales del alto consumo de refrescos y agua embotellada sobre todo en las comunidades más pobres. Calvillo denuncia que “10 millones de personas no cuentan con servicio de agua potable y 11.5 carecen del servicio de alcantarillado, cifras que representan el 9.1% y 10.4% de la población, respectivamente”.

 

De acuerdo con la encuesta nacional en vivienda de Parametría de diciembre de 2012, el 78 % de la población admite consumir bebidas no alcohólicas, carbonatadas y endulzadas; de aquellos que las consumen, 31 % las toma uno o dos días a la semana, 29% las ingiere diario, 22 % afirma beberlas tres o cuatro días de la semana, 10 % compra este tipo de líquidos de vez en cuando, y 7 % ingiere bebidas dulces con gas casi todos los días.

 

Si se suman aquellos entrevistados que consumen refresco diario y casi diario,  entonces que cuatro de diez mexicanos (36 %) posiblemente puedan padecer sobrepeso o diabetes por ingerir con frecuencia bebidas dulces y carbonatadas, esto de acuerdo con las declaraciones de organizaciones civiles como La Alianza por la Salud Alimentaria, El Poder del Consumidor y OXFAM-México y algunos analistas como Xiuh Guillermo Tenorio, que basados en investigaciones científicas afirman que un niño que consume al día una porción de refresco (227 ml) aumenta 60 % las probabilidades de padecer obesidad; de igual forma, un adulto que toma un refresco al día incrementa el riesgo de sufrir alguna enfermedad relacionada con el contenido calórico en un 25 % más que a una persona que no ingiere bebidas carbonatadas.

 

También, las personas que consumen de manera ocasional están en riesgo, son 15 % más propensos a padecer sobrepeso u obesidad.

 

Ante el gran incremento del consumo de refrescos y de la obesidad infantil, la Alianza por la Salud Alimentaria, grupo de asociaciones civiles, han lanzado campañas para crear conciencia en la población sobre los riesgos de tomar gaseosas. En una de las publicidades para aminorar el consumo de refresco, se observa que las bebidas Fanta sabor fresa y Mirinda son las más dulces, ya que contienen 16 cucharadas de azúcar por envase de 600 ml, y las que menos tienen son Peñafiel fresa y Orange Crush.

 

Para frenar enfermedades derivadas del alto consumo de refrescos, en diciembre de 2012, el Senado de la República turnó a la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma a la Ley de Impuestos Especiales para gravar el consumo de refrescos, sin embargo, la iniciativa no fue prioridad en el Congreso de la Unión, ni en la población en general. Apenas 4 de cada 10 mexicanos se enteraron de la propuesta de aplicar un impuesto del 20 % a las bebidas carbonatadas y endulzadas; y de ellos, sólo dos (50 % de aquellos que se enteraron del impuesto) están de acuerdo con el gravamen para desalentar el consumo del refresco y reducir el problema de obesidad y diabetes.

 

Arantxa Colchero Aragonés, investigadora de la Dirección de Economía de la Salud del Centro de Investigación en Evaluación y Encuestas del Instituto Nacional de Salud Pública, argumenta que un incremento en el precio de los refrescos reduce el consumo; en Hungría, Francia, Finlandia, Bélgica y Reino Unido se han aplicado medidas similares y han resultado.

 

Colchero Aragonés estima que un aumento del 10% en el costo disminuye el consumo en un 12.9 %. Asimismo, afirma que un impuesto al refresco, tendría importantes beneficios en la salud, en los costos de la atención médica y en la economía de las 

refrescosfamilias.

 

Las estimaciones hechas coinciden con la percepción de los entrevistados en la encuesta nacional de Parametría. El 30 % de la población afirmó que si el precio aumenta entre 1 y 5 pesos consumiría menos refresco; y el 20 % contestó que definitivamente dejaría de tomar ese tipo de bebidas si el aumento en e

l costo fuera de 6 a 10 pesos. No obstante, 6 de cada 10 mexicanos (entre el 56 % y el 61 %) consumiría menos refresco si se incrementara en 1 peso o más el costo de estas bebidas. Cabe mencionar que entre el 15 % y 20 % dudó del monto

Pese a los beneficios que pueda traer un impuesto al refresco, la propuesta hasta el momento no ha sido aprobada ni discutida. Distintos analistas consideran fundamental el que los legisladores aprueben el gravamen al litro de refresco de casi dos pesos ($1.7 pesos) y que eso reduzca su consumo y modifique poco a poco los hábitos de consumo y nutrición de la población. del incremento en el precio o prefirió no externar alguna opinión al respecto.

 

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